Con la masacre de ayer en Madrid aún humeante, desde este editorial queremos manifestar nuestra repulsa, impotencia y hartazgo.
Nadie con un mínimo de sensiblidad es ajeno a este genocidio. La gente del fútbol tampoco. Por éso, en primer lugar, nuestra solidaridad hacia las víctimas y sus familias y nuestra condena radical para estos asesinos sin escrúpulos.
Todos tenemos el ánimo apagado y una enorme sensación de impotencia. Algunos lloramos, otros callamos y otros acudiremos a manifestarnos públicamente, pero ninguno olvidaremos.
Respetamos la forma que cada persona tenga de manifestar su sentir, pero desde aquí quisiera formular algunas cuestiones.
¿No es verdad que existe una enorme sensación de hartazgo en el ánimo de la gente de bien de que esto es un suma y sigue en un grado mayor que el conocido hasta ahora en nuestro país? ¿Qué están dispuestas a hacer nuestras autoridades para afrontar catástrofes como la vivida ayer? ¿Están dispuestas a aplicar TODOS los resortes legales previstos constitucionalmente para frenar a quienes tienen que ver, de una u otra forma, con los criminales o todo se quedará en buenas palabras, nobles gestos y sentidas convocatorias?
Los medios de comunicación en todas sus formas, a través de los invitados a sus trubunas y tertulias, manifiestan opiniones baladíes, como si sólo ellos pudieran tener una válida opinión, que, en gran medida, nada tiene que ver con el sentir general. La gente de bien quiere soluciones. Quiere que este atentado haya sido el último. Quiere que sus políticos se mojen. Quiere que esta pesadilla, que dura ya más de 30 años, pase a la triste historia de este país. Pero las soluciones no llegan. Dentro de unos días, todo habrá pasado, menos para la pobre gente que ha muerto o ha visto truncada su vida.
Los criminales y sus amigos seguirán haciendo y diciendo lo que les plazca, amenazando a la gente de bien e incumpliendo las resoluciones judiciales. Y seguirán recibiendo nuestro dinero. Y mientras, la gente sencilla, únicamente culpable de haber nacido o encontrarse en España, vivirá con miedo, sobresaltada, viendo cómo la Ley protege más al criminal que a las gentes de buen corazón. Y mientras, nuestros políticos, dedicarán horas y horas a analizar los resultados electorales, sin preocuparse ya del temor de su pueblo.
Porque se pueden tomar medidas, porque las hay. Sólo tiene que haber voluntad política para ponerlas en marcha porque el pueblo las avala sin condiciones. Pero hay que querer. Y nuestros políticos no se atreven. ¿Cuál es la razón? ¿Qué pactos esconden? ¿A quién temen ofender?. Exigimos saberlo.
Desde aquí, pido a los responsables políticos más seriedad y más valentía.
Y al pueblo llano, ese que hace que España sea una gran Nación, le pido serenidad en este momento trágico que todos vivimos en lo más profundo de nuestros corazones.
NUNCA OLVIDAREMOS.