Uno de los principales problemas con los que se encuentran los clubes a la hora de afrontar su gestión económica todas las temporadas es el de la obtención de recursos provenientes de la publicidad.
Encontrar patrocinadores que colaboren en el sostenimiento económico de nuestros clubes es una labor extraordinariamente difícil en la zona del país en que vivimos, y mucho más aún si hablamos de Valladolid, considerada por las empresas especializadas en los estudios de mercado, como una de las capitales de provincia españolas más reacias a emprender cualquier tipo de iniciativa.
Las razones de este problema son muy variadas. Se ha dicho que Valladolid es una ciudad muy conservadora a la hora de tomar conciencia de cualquier actividad que implique asumir posiciones de vanguardia en actividades empresariales de carácter social, destinando únicamente los beneficios obtenidos al enriquecimiento particular de la entidad. Y, se ha dicho también que, una de las causas fundamentales de ese escasísimo apoyo empresarial al deporte base de nuestra ciudad es debido a la falta de una regulación legal que incentive esos posibles apoyos desde un punto de vista fiscal.
Sea cuál sea la causa, lo cierto es que los directivos de los clubes tienen que hacer auténticos encajes de bolillos para conseguir esos recursos, de los que, en buena medida, depende la salud económica de aquellos. Muy pocos conocen la gran dificultad que conlleva afrontar este grave problema ni los muchos quebraderos de cabeza que supone para estos dirigentes encontrar esos patrocinios sin los cuales peligraría la propia existencia de los clubes.
La inexistencia de una normativa que regule el tratamiento fiscal del apoyo económico empresarial hacia el deporte en general con incentivos que animen a detraer parte de sus beneficios en una actividad tan importante como la deportiva, es sin duda una de las claves fundamentales.En este sentido, la responsabilidad de esta laguna legislativa es de la autoridades autonómicas, toda vez que es competencia exclusiva de éstas dicha regulación.
Actualmente, las contribuciones económicas de las empresas destinadas a ayudar a los clubes, son contempladas legalmente como un mero gasto más, semejante al realizado por la contraprestación de servicios tales como el teléfono, el agua o la luz, y que únicamente tienen una desgravación fiscal del 30% en el Impuesto de Sociedades. Ante esta realidad, cabe preguntarse si no es comprensible esa frialdad por parte de nuestros empresarios.
Produce envidia sana ver como las diferentes Comunidades Autónomas, algunas muy próximas a la nuestra, contemplan incentivos muy variados que estimulan el apoyo del tejido empresarial hacia el deporte de una manera muy relevante, llegando incluso a competir por patrocinar no pocas entidades y muy variados eventos deportivos con fuertes sumas de dinero.
Pese a todas estas dificultades, el empresariado no ha abandonado nunca ese apoyo, que sin duda sería mayor si nuestros políticos abordasen una adecuada regulación que incentivase un apoyo mucho más generoso.
En nombre de los clubes, gracias a todas aquellas empresas que, en la medida de sus posibilidades, contribuyen a sostener y hacer posible que el fútbol base pueda seguir desarrollándose, cada fin de semana, en todos los barrios y localidades de Valladolid, especialmente aquellas que han apostado y apuestan decididamente por ese apoyo atendiendo, principalmente, a la innegable dimensión social que tiene este deporte.