Cuando las noticias sobre incidentes violentos en nuestro fútbol están a la orden del día y a casi nadie sorprenden ya los tristes espectáculos de broncas, tanganas y malos modos que desgraciadamente son actualmente tan frecuentes, resulta más valioso aún, si cabe, encontrar un hermoso ejemplo de deportividad que bien podría calificarse como de épico.
El domingo día 1 de Mayo, con ocasión del partido de 2ª División Nacional entre el Eibar y el Lleida, un jugador internacional sub 19 del equipo vasco cuyo nombre es David Jiménez Silva, escribió una bonita historia de honor y caballerosidad en un terreno de juego.
Gozando de una manifiesta ocasión de gol cuando discurría el minuto 92, teniendo únicamente al portero rival frente a él, optó por tirar el balón a la banda en vez de intentar batirle, porque un defensa contrario estaba lesionado y tirado en el terreno de juego. “Creo que hice lo correcto porque el público tiene que entender que no podía tirar a gol con un rival doliéndose en el suelo”.
Nos ha parecido un gesto de un valor tan grande y edificante que no hemos podido pasar por alto un episodio tan escasamente visto, tan “raro” y tan sorpresivo. Resulta increíble que, hoy en día, en ese mundo del fútbol profesional donde todo parece únicamente discurrir alrededor del dinero, no importando más que los resultados y siendo intranscendente qué colores defender, tengamos la oportunidad de encontrar un ejemplo tan noble y conmovedor.
Pese a ello, debido principalmente a que podrá alegarse que estos “incidentes” resultan difíciles de vender al gran público, los distintos medios de comunicación, audiovisuales y escritos, se han hecho escaso eco de un caso como éste, prefiriendo bombardear nuestros sentidos poniéndonos cien mil veces las jugadas conflictivas y las acciones violentas, amén de todo tipo de agresiones y errores arbitrales, sin olvidar los “cariñosos recibimientos” a que son sometidos algunos equipos en algunos estadios o los enfrentamientos entre aficiones.
En el fútbol base, también son raros pero no por eso inexistentes, bellas muestras del buen hacer de muchas gentes de este deporte que, desde el anonimato, enseñan a los niños y a los jóvenes, lecciones de humanidad que a buen seguro, muchos de ellos nunca olvidarán.
En medio de la fuerte competitividad que inunda el fútbol, resulta asombrosamente sorprendente encontrarnos con un gesto como el de este jugador del Eibar.
Ojalá, este ejemplo pueda servir para que todos tomemos conciencia de que, aunque haya muchas cosas que desearíamos desterrar para siempre de nuestros campos de juego, son muchas más las cosas bonitas que, también día a día, muchas gentes del fútbol escriben con letras de oro en la conciencia de los más pequeños y de cuántos amamos este deporte.