Cuando estamos a punto de iniciar la temporada liguera provincial en casi todas las categorías, y los clubes ultiman sus gestiones para completar sus respectivas plantillas, vuelve a ser motivo de acalorado debate una de las cuestiones más controvertidas y polémicas que tiene a nuestros futbolistas por principales protagonistas: el derecho de retención y la carta de libertad.
Son muchas las preguntas que un tema tan polémico como éste suscita entre todas las partes implicadas en el deporte del balón, dando lugar, muchas veces, a posiciones abiertamente enfrentadas por afectar a intereses contrapuestos como son los de un club de fútbol y el de los jugadores que estando bajo su disciplina, un día deciden abandonarlo para militar en otro diferente.
¿Tiene el derecho de retención razón de ser fuera del fútbol profesional? ¿Está justifica-da su existencia en el fútbol base? Si así fuera, ¿lo estaría en todas las categorías o sólo a partir de alguna concreta y específica?
¿Puede la libertad de un jugador verse condicionada por la ficha que le ha vinculado a su club, una vez concluída la competición? Cuando el Club ejerce la retención de un jugador no dándole la carta de libertad ¿no estaría incluso vulnerando uno de los valores más importantes reconocidos constitucionalmente como es el de la libertad de movimiento? ¿Se hace un uso abusivo del derecho de retención por parte de los clubes?
¿Se ha convertido el derecho de retención, en un poderoso arma en manos de los clubes para dirimir las diferencias que muchas veces existen entre ellos? ¿Es el jugador “el cabeza de turco” que paga los vidrios rotos de las rencillas entre ellos? ¿A quién interesa realmente esta situación?
¿Puede éticamente un club impedir a un niño o no tan niño marcharse a otro diferente simplemente porque le gusta más, le pille más cerca de su casa o le apetezca cambiar de aires? El jugador paga por jugar, ¿no es motivo bastante para desvincularse del club al que ha pertenecido una vez terminada la temporada?
¿Es el derecho de retención un mecanismo reglamentario favorecedor de los clubes más modestos de la competición? ¿Lo utilizan para frenar el frecuente “robo” de jugadores de que algunos clubes afirman ser víctimas?
Es justo reconocer la atención, cuidado y formación que muchos clubes dispensan a sus jugadores, muchas veces desde pequeñitos, a través de todos sus estamentos, loable esfuerzo que se rompe cuando un elemento externo interviene directa o indirectamente para arrebatárselo mediante argucias muy alejadas del buen hacer que, en no pocas ocasiones, ignoran incluso al club de procedencia. Eticamente, no resulta descabellado afirmar que podría hablarse de la existencia de “unos derechos de formación” que habría que reconocer a esos clubes pero, por un lado la reglamentación, y por otro el de la libertad individual de cada jugador, plantean la discusión en torno a cuál de todos ellos debería prevalecer.
Una cosa está clara y no admite discusión: es vergonzante que un muchacho se pase la temporada sin jugar debido a la no obtención de la carta de libertad. Esto es fútbol base y, aunque muchas veces existen intereses espúreos encubiertos en este tipo de cuestiones, atenta contra la propia naturaleza del deporte en su estado más puro el que alguien pueda quedarse sin jugar por estas cuestiones.
Quizá habría que replantearse este problema del derecho de retención en una Asamblea entre clubes, así como probablemente también este problema esté adquiriendo unas connotaciones más que preocupantes debido a la fuerte desunión existente entre los clubes de nuestro fútbol base y al cada vez mayor nivel competitivo de este deporte.
Opiniones habrá para todos los gustos, pues muchas y muy variadas serán las respuestas a preguntas tan polémicas, pero de lo que nadie debería disentir es de que, en ningún caso, cabe quedarse sin jugar por no haber obtenido la Carta de Libertad, pues jugar es, siempre y por encima de todo, un derecho inalienable y la esencia del mismo fútbol.