"La cobardía es el miedo consentido; el valor, es el miedo dominado" ERNERST LEGOUVE
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Editorial

POR QUÉ TANTA AGRESIVIDAD?

POR QUÉ TANTA AGRESIVIDAD?

Cuando cada fin de semana se pone en movimiento el balón por nuestros muchos campos de juego, no sólo comienza una jornada de fútbol más, sino también se da el pistoletazo de salida a las bajas pasiones de no pocos.

Resulta descorazonador constatar cómo lo que es un espectáculo deportivo, se termina convirtiendo en demasiadas ocasiones en el auténtico vertedero de las frustraciones de muchos.

¿Por qué hay tanta agresividad rodeando al fútbol base? ¿Hemos perdido la razón? ¿Por qué nos transformamos cuando vemos jugar a nuestros hijos? ¿Por qué traspasamos la barrera del juego duro y viril para adentrarnos, con demasiada frecuencia, en una violencia injustificada dentro del terreno de juego? ¿A qué es debido todo esto?

Nadie parece librarse de este ambiente enrarecido:
- los árbitros, son objeto a menudo de la incomprensión, el insulto y el desprecio más hostil, en medio de su soledad, y a veces, de su temor;
- los jugadores, en algunas categorías más que en otras, hacen un uso excesivo de la dureza propia de un juego que, no lo olvidemos, no da de comer a nadie;
- algunas aficiones parecen, más que prepararse para ver un partido, tomar posiciones para aprestarse a una verdadera batalla campal;
- los medios de comunicación, a menudo, denunciamos estos hechos olvidando otros que, por el contrario, engrandecen este deporte,
- los clubes, en no pocas ocasiones, prefieren mirar para otro lado en vez de adoptar medidas que palien este desafuero, y
- los organismos federativos siempre quedan en entredicho al pesar la duda de si están haciendo todo lo que se puede para erradicar este clima de violencia.

¿A qué o a quién es atribuible este ambiente? Es evidente que, el fútbol base, no puede ser ajeno a una sociedad cada día más competitiva, más egocéntrica y menos solidaria, sociedad de la que, nos guste o no, es fiel reflejo; una sociedad que prima ganar y conseguir la victoria a costa de lo que sea, es una sociedad enferma, y vencer por vencer prima demasiado en no pocos clubes de nuestro entorno, sin importar cómo.

¿Se ha planteado alguien que quizá haya llegado el momento de sentarse a una mesa y abordar estas cuestiones con la mejor de las voluntades? ¿O es más fácil mirar hacia otro lado, y resignarnos a repetir la historia un fin de semana sí y otro también? ¿Hay voluntad de abordar esta cuestión?

¿Por qué se denuncian por parte de numerosos jugadores las amenazas de que son objeto, cuando no son agresiones, dentro del terreno de juego? ¿Acaso algunos pretenden emular a los profesionales cuyo ejemplo lamentable las pantallas televisivas nos meten hasta en la boca? ¿A qué estamos jugando? ¿Es que no damos para más? ¿Cómo se puede entender que, en un partido recientemente disputado, haya habido dos chavales del mismo equipo que hayan terminado en el hospital?

¿Se puede llegar a boicotear ir a jugar a una localidad cualquiera por los reiterados comportamientos de una afición?

¿Y las formas de algunos entrenadores? ¿Se aseguran los clubes de la educación de sus técnicos, especialmente si están al frente de niños? ¿O da lo mismo? ¿Por qué hay niños, incluso en categorías alevín y hasta de benjamín, con muy malas maneras y un vocabulario nada propio para su edad?

¿Serviría de algo la adopción por parte de algunos clubes de medidas concretas para impedir la entrada a determinados personajes que acuden a “presenciar” el partido, si no se hubiera llegado a un compromiso previo entre todos los clubes, auspiciado, en su caso, por la Delegación de Fútbol?

¿Son adecuadas las sanciones que impone el Comité de Competición? ¿Cuántos partidos, principalmente jugados en los pueblos, se celebran con presencia de la fuerza pública?

¿Se puede llegar a “invitar” a marcharse a un jugador de un club por el hecho de que su papá o su mamá sean unos impresentables incorregibles? ¿Y la imagen de este club por tales individuos? ¡Por qué tantos “papás” juegan a ser entrenadores? ¿Sabían que algunos de estos últimos terminan dejando de entrenar simplemente por no soportarlos? En fin, qué pena!!!.

¿Qué hacemos con aquellos individuos que, de manera reiterada, increpan, insultan, amenazan, blasfeman y atemorizan a los rivales o al mismo árbitro? ¿no podrían los Delegados de Campo hacer algo más? ¿Hasta qué punto y en qué cicunstancias se podría impedir a un espectador acceder a un determinado campo de fútbol? ¿Quién tendría que regular esa posibilidad?

¿Por qué la agresividad que podemos ver en las bandas de nuestro fútbol no es, ni de lejos, la misma agresividad de otros deportes, a veces, de por sí, más duros que el propio fútbol?

Demasiadas preguntas, cada una de las cuales podría dar lugar a un auténtico debate monográfico. Mientras tanto, empezamos a prepararnos para vivir una jornada de fútbol más dentro de sólo unas horas, de competición bien entendida y de espectáculo asegurado.

Y, para que no todo sea tan sombrío, recordaremos aquí que son muchos también los gestos deportivos, solidarios y de humanidad que se dan en nuestros campos, gestos anónimos que apenas saltan a los medios para ser publicados pero que no por ello dejan de estar ahí y de engrandecer, pese a que algunos parezcan empeñados en impedirlo, un deporte bonito y sano que la inmensa mayoría de sus protagonistas viven como tal.

Para muestra basta un botón: D. Toufig Hally, un futbolista de categoría juvenil, no importa el club al que pertenezca, que prefirió dejar de marcar un gol a hacerlo valiéndose de la ventaja que suponía hacerlo aprovechando que un rival se retorcía en el suelo.

Gestos así refuerzan la confianza y la convicción de que este deporte, aunque algunos se esfuercen por demostrar lo contrario, sigue siendo hermoso y vale mucho la pena.


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Martes, 6 Enero 2009

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