En una sociedad tan mediatizada como la nuestra, en la que el fútbol
constituye uno de los fenómenos sociales más relevantes de nuestra vida
cotidiana, bien merece la pena plantearnos cuál es la influencia que puede generar en el público común, el lenguaje que utilizamos los medios de comunicación a la hora de retransmitir noticias o comunicar un evento deportivo.
Dejando aparte la mayor o menor preparación sintáctica o lingüística de los
profesionales de la prensa deportiva, (que muchas veces deja mucho que
desear), lo que nos interesa plantearnos aquí es el de si podemos hablar de
una “jerga” propia de este deporte o de, si por el contrario, estamos ante
una desvirtuación del lenguaje que lo suele acompañar.
Lo que resulta una cuestión incontestable es que la influencia de los medios
de comunicación es muy grande, debido, principalmente, a que son muchos
cientos de miles de personas a las que se llega a través de los más variados
sistemas tecnológicos, escritos y audiovisuales, por lo que debiera de tenerse mucho cuidado con lo que se dice y con cómo se dice.
Por eso, no se comprende muy bien por qué no pocos profesionales de la
información deportiva, aparte de las dosis de sensacionalismo con que muchas veces adornamos nuestros comentarios, utilizamos con demasiada y reiterada frecuencia expresiones y términos más propios de un contexto violento y más propio de un ambiente de guerra que de un mero juego entre rivales.
“Fulanito ha sacado toda su ARTILLERÍA”, “menganito prepara un ATAQUE a la desesperada”, “los jugadores adoptan una DEFENSA NUMANTINA”, el club VELA ARMAS”, “tal jugador ha lanzado un OBÚS sobre la portería rival”, “la
Selección espera el partido concentrado en su CUARTEL GENERAL”, “el
delantero ha DISPARADO muy fuerte”, “los locales han MATADO el
partido”, “los foráneos han SITIADO al rival”, “estamos ante una BOMBA
mediática”, “los de casa BOMBARDEAN la portería sin descanso”, “el público
RUGE en la grada”, “fulanito ha hecho un ENTRADA CRIMINAL”, “El ENEMIGO
acecha”, “el árbitro de la CONTIENDA”, “Nos espera el INFIERNO”, "este jugador tiene un instinto ASESINO"..........., son sólo algunas expresiones que se vienen utilizando con demasiada reiteración precisamente por quiénes más deberíamos de cuidar esta terminología.
¿Nos estamos volviendo todos locos?
Escuchar o leer con asiduidad comentarios o expresiones de esta naturaleza
no dejan de sobresaltar a quiénes disponemos de una más o menos sólida
formación pero, sin lugar a dudas, genera en el público o el oyente menos
formado una sensación de encontrarse ante algo que muy bien podría estar
mucho más allá del deporte del fútbol. ¿Se trata de que hemos perdido la
conciencia ética de nuestra labor o es que ya todo vale?
Nos preguntamos hasta qué punto la creciente agresividad que se vive entre
las aficiones de los distintos clubes de fútbol profesional, más entre unas
que entre otras, tanto en la grada como fuera de ella, son o pueden ser
producto de la influencia de una inadecuada utilización del lenguaje por
parte de algunos profesionales, circunstancia extrapolable a ámbitos mucho
más reducidos como puede ser el fútbol local o provincial.
Con demasiada frecuencia tenemos la sensación de estar asistiendo más a los prolegómenos de una gran batalla que a los preámbulos de un partido de
fútbol, y esto, no es nada bueno nunca, y menos en una sociedad que parece
estar acostumbrándose a presenciar todo tipo de actos de violencia dentro y
fuera de los campos de fútbol como algo normal.
Responsables? Todos tenemos y debemos asumir nuestra parte de
responsabilidad, y entre ellos los medios de comunicación que debemos ser
los primeros en hacer un uso adecuado del lenguaje que, en modo alguno,
fomente o contribuya a confundir o “incendiar” ambientes o acontecimientos.
Lamentablemente, tampoco el fútbol base se libra de esta influencia, siendo
triste protagonista, muchas veces, de actos que enturbian y desacreditan la
práctica de un deporte que es contemplado por la inmensa mayoría, sólo como eso, como un deporte, siendo muy importante la misión que tenemos atribuida los medios con capacidad de llegar e influir en las conciencias de los
diferentes estamentos que conforman esta disciplina deportiva.
Reflexionemos; seamos serios y preguntémonos qué es lo que perseguimos
haciendo uso de una terminología tan impropia para el deporte como es un
lenguaje bélico; pensemos qué ganamos con ello y en qué estamos perdiendo todos; y, luego, asumamos responsabilidades, cada uno en su propio ámbito, para que sucesos como los del pasado viernes en Sicilia o incidentes como los de cualquier día en cualquier campo de nuestra ciudad o provincia, sean cada vez menos frecuentes, o al menos, y eso ya sería mucho, no sean ni la primera ni la más relevante de las noticias.