Hace tan solo unos minutos, con su gran victoria en Tenerife, el Real Valladolid ha logrado el ansiado ascenso a la Primera División del fútbol español. Momento histórico de felicidad general, emoción desbordante y de euforia desmedida para una ciudad que vuelve a estar entre las grandes de nuestro fútbol.
Han sido tres temporadas en el pozo de la Segunda División, con muchas más sombras que luces, donde las dificultades, las desconfianzas y hasta el miedo a la desaparición del club han estado presentes hasta que, cuando menos se pensaba, se hizo un buen bloque y, sobre todo, se trajo un gran entrenador.
Una noticia que nos embarga de alegría y que ha tenido y va a tener en las próximas horas, tanto para los jugadores como sobre todo para la sufrida afición, infinidad de momentos inolvidables para recoger por nuestras cámaras y de anécdotas que quedarán grabadas en nuestra retina para la historia.
La ciudad se ha paralizado para seguir el partido del ascenso y se ha conmocionado de dicha cuando el colegiado, con su pitido final, ha sellado el ascenso matemático de nuestro querido Real Valladolid. Un ascenso que llena de felicidad a una ciudad que jamás debió de perder la máxima categoría en este deporte y que, nunca más deberá perderla en los años venideros.
Un gran éxito, sin duda, que va acompañado además, de una esplendora campaña liguera en la que se han batido records históricos, y que a buen seguro, pasará a la historia como la temporada en la que se consiguió el ascenso más tempranero y la bateria de partidos imbatidos más importante de la historia de nuestro fútbol.
Es el momento de los reconocimientos y de los homenajes; pero nos detendremos especialmente en dos protagonistas principales: en el técnico José Luis Mendilibar y en la afición del Real Valladolid.
Sin duda ninguna, para casi todos, este gran éxito tiene un nombre propio y es del técnico vasco, un hombre que, apostó por un proyecto en el que casi nadie creíamos y, que de manera tan modesta como tenaz, fue capaz de armar un buen bloque y de infundir a sus integrantes la fuerza mental del que se siente invencible. Su dirección técnica ha sido, sin duda el mejor fichaje de esta temporada que, ojalá, siga siendo la apuesta de los próximos años. Más que un deseo es una exigencia.
Pero si la labor del técnico vasco ha sido determinante, el papel que ha protagonizado la afición blanquivioleta, no ya sólo durante esta temporada sino también durante las anteriores, ha sido digna de elogio al no haber dado la espalda a un club que iba a la deriva y a un equipo que llegó a naufragar más de una vez. Este ascenso, es el premio para esa afición que, en los momentos más crudos y a veces trágicos, supo estar ahí, siempre fiel, aunque no fuera en gran número.
No es el momento de analizar las cosas que no se han hecho bien durante estos últimos años, sino de saborear un éxito que no es sólo de los jugadores, técnicos y directivos, que también, sino sobre todo de una afición y una ciudad que merece, por su historia, estar entre los grandes de nuestro fútbol.
Volveremos a ser noticia de primera plana, a vivir grandes tardes de fútbol, a contemplar a algunos de los mejores jugadores del mundo en Zorrilla, y, a volver a soñar con la consecución de grandes gestas. Pero eso será la próxima temporada. Ahora toca disfrutar.
Que corra el champán.........
FELICIDADES VALLADOLID