Hablar del “derecho de Retención” o de “la carta de libertad” es adentrarse en una de las cuestiones más polémicas y farragosas que pueden suscitarse en el fútbol aficionado, con muchas preguntas y muy diversas respuestas que bien podrían dar lugar a un amplio y extenso debate
Aunque, a primera vista, dicho instrumento jurídico - deportivo parece referirse a un ámbito estrictamente profesional, la realidad es muy otra, hasta el punto de que dicha institución cuenta con poderosos argumentos a favor como en contra tanto por parte de sus defensores como de sus detractores.
Hay quiénes argumentan que la existencia de “la carta de libertad” o del “derecho de retención” en el área del fútbol base son inadmisible y no tienen razón de ser por cuánto tergiversan el propio espíritu de un deporte en el que, por encima de todo y antes que competir, el objetivo es hacer y formar futbolistas, por lo que no es de recibo impedirles “cambiar de aires” si ese es su deseo.
Sin embargo, quiénes defienden su existencia argumentan que son mecanismos de defensa de los clubes más modestos frente a los denominados “grandes”, de manera que estos últimos se vean frenados en su apetencia de llevarse, sin ningún tipo de compensación (y, a veces, sin dirigirse siquiera al club de procedencia), jugadores pertenecientes a otros clubes que, en no pocas ocasiones, han sido formados en ellos como futbolistas durante años. De esta manera, podría haber clubes dedicados básicamente a “formar” jugadores para, una vez hechos, ser “seducidos” por otros más grandes o con mayor historia.
Esta situación genera no pocas tensiones que, a veces, no encuentran una adecuada solución entre las partes implicadas debido a la falta de diálogo y de buena voluntad en los contendientes. Situaciones que generan múltiples preguntas, ¿puede un club negarse a dar la “carta de libertad” a un muchacho e impedirle jugar al fútbol durante un tempo por desear marcharse a otro club? ¿Por qué no siempre se “juega limpio” en este terreno por parte de las distintas directivas que incluso “tocan” a los chavales antes de dirigirse al club al que pertenecen? ¿Qué hacer cuando se pretende hacer un uso torticero y abusivo del derecho a querer marcharse a otro club cuando con ello se puede llegar a desmantelar un equipo entero?
¿Debería de aplicarse estos instrumentos jurídico-deportivos a partir de ciertas categorías o en todas ellas sin excepción? ¿Se puede “cortar las alas” a un niño (en realidad muchas veces a sus padres) que quiere irse a jugar a otro sitio? ¿Debería de regularse algún tipo de compensación para el club que ha “formado” a ese jugador? ¿son, en definitiva, “la carta de libertad” y el “derecho de retención” mecanismos que condicionan o cercenan la libertad individual o que la salvaguardan? ¿Qué debe de prevalecer, el derecho de un club a “velar y proteger” lo suyo, o la libertad de movilización del jugador?
¿Es suficiente la regulación actualmente existente sobre esta materia o debería de modificarse y hacerse más extensiva y específica?
Y así, mientras hay clubes que consideran que no es ético negar la “carta de libertad” al jugador que desea marcharse a jugar a otro club, otros, sin embargo, consideran que, si bien inicialmente no se tienen por qué oponer, sí lo harán en aquellos casos en los que no se haya “jugado limpio” por todas las partes interesadas y se ha haya querido hacer las cosas sin contar con el club de procedencia.
Personalmente, creemos que si existiese una mejor y más fluída relación entre los clubes, más comunicación entre sus máximos responsables y se dejase un poquito más a un lado los objetivos competitivos para pensar un poco más en lo que realmente interesa al niño/jugador, estos problemas dejarían de ser un continuo foco de tensión para pasar a convertirse en una mera anécdota.

Antonio Muñoz Roig, Director de redesygoles.com