La verdad es que uno no deja de sorprenderse de cuánto se dice o sucede a lo largo de nuestro amplio mundillo futbolístico, hasta el punto de hacer cierto ese viejo aforismo de que “nunca te acostarás sin saber una cosa más”.
Pues sí, miren por dónde, ¿se imaginan lo que hoy ha llegado hasta mis oídos?. Nada más y nada menos que la prohibición impuesta a ciertos niños menores de 10 años en un determinado club de nuestra ciudad, de comer gominolas, sí, esos caramelos elásticos con los sabores más variopintos y de la más variada gama de colores del arco iris, que tanto gusta a los pequeños ingerir.
No vamos a hacer aquí una defensa apasionada de este caramelo, porque ni somos químicos ni nutricionistas, pero lo que sí vamos a hacer es levantar la voz porque detrás de tan curiosa imposición, podrían encontrarse motivaciones que, además de importarnos, nos preocupan grandemente.
¿Se han preguntado por qué mientras unos niños se divierten jugando al balón siempre con una sonrisa en su semblante, otros por el contrario, tras sus rostros fríos, hieráticos y carentes de expresividad parecen haber perdido la alegría?. Evidentemente, todos son niños, y si esto está sucediendo es porque alguien, aferrándose a criterios que nada tienen que ver con la disciplina, han perdido los estribos confundiendo lo más elemental.
¿Acaso un niño, por tomar gominolas, va a perder sus capacidades o sus deseos de jugar?. ¿O algunos que se dicen o se creen técnicos ven peligrar su “posición” por el hecho de que algunos de sus pupilos se diviertan tomando estos caramelos?. ¿Acaso ha llegado el momento de "declarar la guerra" a las gominolas?. La verdad es que asistimos a una anécdota surrealista que, de no haberse repetido ya en varias oportunidades, resultaría muy difícil de creer.
Lo peor es que, no se trata sólo de gominolas, sino de que algunos, erigiéndose en una especie de especialistas en nutrición de tres al cuarto, se arrogan la facultad de imponer a “sus niños” poco menos que la alimentación con la que se deben de nutrir. ¿Sorprendente? ¿Curioso? ¿Irrisorio o más bien indignante?
Lo cierto es que, parece ser que para algunos, la gominola ha pasado de ser un caramelo tradicional que siempre ha gustado a los más pequeños a una especie de “enemigo” al que hay que combatir no vaya a ser que el “pequeño Maradona” se acostumbre a algo tan horrendo como comerse unos caramelos.
Una anécdota que no hace sino rubricar que cuánto rodea al mundo del fútbol sigue discurriendo por unos derroteros que no conducen a ninguna parte y cuyo límite nadie conoce, pero cuyas consecuencias son anécdotas tan ridículas como la presente o tan dramáticas como ver a algunos de nuestros niños perder la alegría natural que les pertenece por derecho propio.

Antonio Muñoz Roig, director de redesygoles.com