Velocidad, conducción endiablada, técnica individual, eslalón milimétrico, potencia, sentido del juego, magia, osadía, fe…Un gol de otra galaxia. No sé cuántos calificativos se pueden poner a un tanto de esta magnitud, cuántas comparaciones, cuánto rescatar del olvido goles mágicos en medio de un fútbol cada vez más encorsetado en la táctica y que ya no logra divertir, en muchos casos, ni a sus propios participantes.
Messi se dejó llevar por aquellos registros que apuntan a su niñez, en lo más hondo de su cerebro, para, igual que hacía en la calle, cual ‘potrero’, lograr evadirse de cinco rivales antes de poner la bola en el marco contrario. “Iba a pasar a Eto’o, pero estaba marcado”, ha comentado. Gracias a eso nos ha dejado una perla que a lo mejor no volveremos a ver en años. El día en que Messi logró evadirse de todas las enseñanzas de La Masía, de todos los rígidos conceptos de entrenador, de todo el fútbol hecho añicos por una táctica mezquina, el día que (gracias a que un compañero no le habilitaba el pase) pudo zafarse de todo y ser él mismo, un genio diminuto.
Guárdenlo en la retina porque igual no vuelve a producirse. Primero, porque la excesiva nobleza de la defensa del Getafe (o su incapacidad) conllevó a que un jugador pueda hacer 50 metros sin que otro le otorgue una patada; algo insólito en el fútbol actual. Segundo, porque como Leo Messi, los niños, al menos los españoles, ya no juegan en la calle lejos de las miradas y directrices de un entrenador que intenta hacer primar el orden por encima de la libertad y la virtud. Su convivencia con el balón se reduce a las horas de entrenamiento y allí, el dueño es el mister y los niños deben obedecer y seguir las pautas.
Ya que no hay calles y plazas donde jugar, bancos donde pasar la pelota por debajo para marcar un gol, jardines que puedan recibir con gusto el tacto del cuero, al menos dejen a los niños pensar, equivocarse y aprender. Señores entrenadores de niños, si vemos en el fútbol algo de arte, seamos condescendientes con los artistas, no les reprimamos ni pensemos que el sistema es ‘lo prioritario’. ¿Qué habría sido de la pintura, del toreo, incluso de la ciencia donde siempre ha habido ‘ilustres’ que han sabido saltarse moldes para ser únicos? Veamos su deporte como juego, diversión y libertad y no como lo contrario trabajo, aburrimiento y condena.
Mientras, Leo Messi, formado desde los trece años en una de la mejores canteras del mundo en donde más de una vez le decían que debía pasar más la pelota, apoyarse en sus compañeros para a través de acciones combinativas acercarse al marco rival, recordó su fútbol con cuatro años allá en la Argentina para colgar su obra de arte. Un placer para los sentidos. Gracias ‘Pulga’.