Tengo 26 años, creo que con esta edad me puedo considerar joven. Sin embargo, cuando voy caminando por la calle, muchas veces, me siento mayor, muy mayor. No ha pasado tanto tiempo desde que yo jugaba al fútbol en una de las calles del barrio de Las Delicias. Era un partido entre amigos, y es que los fines de semana cerraban el colegio y no sabíamos dónde ir. Lo recuerdo perfectamente. La mayoría de las veces una cochera servía de portería, otras, de coche a coche. Eso sí, sin tirar fuerte que quien rompía un retrovisor, pagaba. Ahora me acuerdo de la pobre gente que pasaba por la acera, ¡cuántos balonazos se habrá llevado!. Mil perdones.
Pero es que para nosotros ese partido era el partido del siglo. Y sobre todo cuando quedamos para enfrentarnos a los jugadores del otro colegio. No podíamos permitir que el guaperas del barrio, además de quitarnos a las chicas, nos arrebatará el honor futbolístico. Yo, la verdad es que nunca fui de los que destacó. Al más puro estilo Julio Salinas, me quedaba en el área y esperaba a que mi amigo Jorge, que en esa época había hecho las pruebas para jugar en el Atlético de Madrid, me diera el pase de la muerte y marcara gol. Eran días en el que si mi equipo no ganaba te ibas a la cama sin cenar, pese al disgusto de tu progenitora. Ese era el fútbol que a mi me gustaba. El de barrio, el de dejar los playeros rotos, y al llegar a casa tu madre te echara una bronca de espanto.
Luego, con el paso del tiempo me fui haciendo mayor, los Reyes Magos dejaron de traerme balones, mi amigo Jorge se tuvo que conformar con seguir en el equipo del barrio, y esos colegas que antes jugabamos en el patio del colegio pasamos a quedar para ver los partidos en casa por la televisión con la coca cola en una mano y las patatas en la otra.
Y es que todo cambia. Ahora paseando por los barrios vallisoletanos apenas encuentras jóvenes futbolistas. El Internet, la Play Station y el regaeton parecen haber ganado la partida. Ya no me voy a la cama sin cenar si pierde mi equipo, al contrario, veo la derrota cenando. Ahora los partidos buenos se ven por pay per view. Y es que, repito, todo cambia, ni el deporte nacional se respeta.