28 de abril de 2007. Estadio de Wembley. Al pisar el césped del templo del
fútbol al ayudante del seleccionador español sub 16, Iñaki Sáez, se le caen
dos lágrimas. Está ausente, petrificado. Sabe lo que le que le ha costado
llegar hasta allí. Iñaki Sáez también lo sabe. Lo abraza y le dice. "Gabino,
te lo mereces. Eres un tío de 10. Cuéntale dos chistes a los chavales y
ponte a calentar a los porteros".
Esta es la historia de GABINO RODRÍGUEZ RODRÍGUEZ el que fuera en su día un
jugador de élite del fútbol español, su rápido ascenso a la cima de la fama,
su vertiginosa caída al submundo, y su lento pero firme rencuentro consigo
mismo, publicada por el País Digital el 20 de marzo de 2008 en el reportaje
firmado por Victorio Duque de Seras bajo el título original "Gabino limpia
la leyenda negra"
Gabino Rodríguez (Sevilla, 1964) conoció a los 20 años las mieles del
triunfo. Ganó mucho dinero en el Betis y en el Español. "Me quise comer el
mundo en dos días, y el mundo me comió en un día y medio. Con 20 años iba
con 40 personas a la feria de Sevilla. Todas a costa mía a base de gambas y
jamón. Con 30, iba solo y no me dejaban entrar en ninguna caseta".
Las amistades de Gabino fueron desapareciendo a medida que su estrella se iba
apagando. "Yo era el gracioso", recuerda. "Al que llamaban para todas las
fiestas. Pero cuando se me acabó el dinero, ya no era gracioso".
Con 33 años estaba arruinado. "Era un hombre sin rumbo. Un hombre
sospechoso. Me sentía observado por las calles de Sevilla. Empezó la leyenda
negra. Que si a Gabino lo hemos visto en un semáforo, que si está metido en
temas muy chungos. Y yo ya no estaba en Sevilla. Me había ido a Ceuta con mi
mujer. Si no es por ella me hubiera tirado de un quinto piso. Ella vivió
conmigo toda la cuesta abajo y confió siempre en mí. Aún recuerdo las dos
últimas monedas que me quedaban en el bolsillo el día que me quedé sin nada.
Llamé al que creía un amigo, un antiguo compañero del fútbol. Me dijo : "El
dinero lo tengo, pero es para irme de vacaciones. Jódete". Y me colgó el
teléfono". A partir de ese momento la soledad, el silencio, la ruina.
Pero Gabino Rodríguez se rebeló contra su destino. Por las noches después de
trabajar en una lavandería se puso a estudiar. Con 34 años se sacó el
bachiller superior. "Me hartaba de llorar yo solo porque soy duro de cabeza
y había cosas que no me entraban. En los exámenes me ponía en la primera
fila para evitar la tentación de copiar. No podía engañarme a mí, y menos a
mi familia". Poco a poco fue sacando hasta siete titulaciones. Todas con un
fin: ser entrenador nacional. "Lo más duro fue la anatomía. No me entraba en
la cabeza que el tubo digestivo empezara en la cabeza y terminara en el ano".
Tras el éxito en un torneo de juveniles de la selección de Ceuta que él
dirigía es premiado con una convocatoria como ayudante del seleccionador
Iñaki Sáez para el partido de Wembley.
Hace 50 días Juan Martínez, Presidente del C.D. Quintanar del Rey, y
chapista de profesión se pone en contacto con él. "Lo llamé y le expuse
nuestra situación. Somos un pequeño pueblo de 9.000 habitantes en la
provincia de Cuenca. Estamos en el grupo XVIII de Tercera luchando por la
permanencia. Sé que a lo mejor no le interesa... Y dos días después estaba
aquí entrenando".
"Soy tan feliz cuando voy por la noche a entrenar a mis jugadores... Son
aficionados. Algunos son empresarios que ganan más dinero que yo, pero me
respetan. Te conviertes en su referente para todo. Que si me ha dejado la
novia, que si estoy de exámenes... Es un fútbol diferente. Un fútbol en el
que se rifa un jamón en el descanso para pagar al árbitro. Intento cada día
hacerlos mejores futbolistas. Y como no quiero perder el tiempo, por las
tardes entreno además a 20 niños de 6 y 7 años en el colegio de aquí, de
Quintanar. ¡Y esos sí que son difíciles de entender y de manejar!".
En los entrenamientos les grita constantemente "¡Es muy bonito vivir de
esto! ¡Poned el corazón!" Cada domingo, cuando saltan al campo sus
jugadores, Gabino se queda rezagado tras ellos. No quiere que le vean llorar
de emoción. En esos once hombres está la razón de una lucha, de una rebeldía
contra los que lo enterraron en vida. "No lo habéis conseguido. Sigo vivo y
luchando. Y algún día entrenaré en Primera".
"Ahora mi teléfono no deja de sonar. Hace unos días llamó a mi mujer una que
hacía años que no hablaba con ella y le dijo: "Oye, ahora que me enterado de
que tenéis dinero, a ver si quedamos para salir a tomar algo, ¿no?"